El duelo sentimental o duelo tras ruptura de pareja, implica un proceso de adaptación que incluye las fases habituales en procesos de duelo, como, por ejemplo, en el duelo provocado tras la pérdida de un ser querido por fallecimiento.
Por eso, conocer las etapas más frecuentes tras una ruptura es muy importante, especialmente si se está pasando por uno de esos momentos. Así, la persona que lo sufre podrá entender sus emociones y contradicciones, descubrir que necesita tiempo para recuperarse y facilitar la superación de la relación mediante determinadas conductas que facilitan el proceso.
Qué es el duelo sentimental y por qué es tan difícil
Los psicólogos de los centros Mindplace definimos el duelo sentimental como el periodo de inestabilidad emocional que se experimenta cuando una relación de pareja termina, con independencia de quien lo provoque. También puede comenzar en la fase de desamor, que sucede en el tiempo anterior a que se produzca la ruptura.
En esos momentos, entran en juego muchas variables y emociones, que van más allá de la pena o la tristeza por no seguir en una relación con esa persona. Sorpresa, incertidumbre, miedo al futuro, pérdida de los objetivos vitales programados, alteración de la vida social, sentimientos de vacío, pérdida del rol de persona en pareja, culpa y frustración, entre otros, hacen que el periodo de duelo sea un auténtico caos emocional, mientras nos adaptamos a la nueva situación afectiva.
Aunque la ruptura sea de mutuo acuerdo, habitualmente una de las partes está menos convencida de romper la relación. Generalmente, la persona que no lo desea con tanta seguridad o le pilla por sorpresa, es la que suele estar más afectada después de que se produzca. Eso no significa que la persona que ha tomado la iniciativa sea insensible o no le haya importado la relación, simplemente lo que suele pasar es que están en tiempos diferentes, y, la persona que toma la determinación de poner fin ya había hecho el duelo en la fase de desamor. Por tanto, en relaciones significativas (largas, con convivencia, hijos en común, etc.), el duelo lo viven especialmente las dos partes.
Lo que sí suele ser diferente es el malestar tras la ruptura. Las personas responsables de esta, que ya han hecho un proceso de malestar previo, después de romper, los síntomas principales son sentimientos de culpabilidad por haber hecho daño a su expareja y dudas acerca de si han tomado la decisión correcta. Por eso, muchas veces siguen manteniendo comunicación intermitente con la expareja, perjudicando así los procesos de duelo de ambos.
Cuáles son las fases del duelo sentimental tras una ruptura
Si nos centramos en la persona más agraviada por la separación, los especialistas coincidimos en que la mayor parte de los pacientes atraviesan ciertas fases de duelo, que, en función de los planteamientos actuales, son entre cinco y siete, incluso pudiéndose diferenciar microfases intermedias o periodos de transición en algunas de las fases.
Por orden cronológico más habitual: Negación, Ira, Negociación, Tristeza y Aceptación son las fases más descritas, en general, por la mayoría de los profesionales.
Las fases del duelo, al igual que en la pérdida de un ser querido, no siempre se realizan de modo consecutivo o secuencial, hay personas que no transitan por todas, entran y salen en bucle determinadas fases (alternando, por ejemplo, negación, ira, tristeza, ira, negación, etc.), o no llegan a la resolución del duelo sin ayuda profesional.
Ante este panorama, lo importante es tener una idea general del tipo de fases que suelen atravesarse durante este proceso adaptativo, que sirva para identificar cómo se encuentra la persona y que pueda valorar si está procesando el malestar de forma saludable.
Atendiendo a las características intrínsecas de las fases, las podemos describir así:
Rechazo de la realidad: Negación y Negociación
Tanto la negación como la negociación son fases en que la persona se resiste a asumir la realidad de la pérdida.
La Negación se produce en los primeros instantes ante la realidad de la ruptura. Se caracteriza por negar que se trate de una separación real, pensar que la persona se ha alejado de manera puntual o que es una discusión más, que la otra persona está algo confundida y que la relación volverá a ser como antes. Hay una clara resistencia a asumir la ruptura como algo permanente o irreversible.
Durante la fase de Negociación, se sigue rechazando la realidad, y la persona fabula con escenarios de reconciliación. Empiezan aquí los sentimientos de culpabilidad, y uno analiza acciones del pasado que hubieran evitado la ruptura e imagina cómo solventarlas, hace propósitos de cambio de todo aquello que ha generado conflicto durante la relación y trata de reestablecerla.
Durante estas dos fases de rechazo de la realidad, la esperanza es el estado predominante, junto con la frustración cuando la otra persona no reacciona como se espera. Son, además, los momentos en los que se hace más intentos de contacto con la expareja para suplicar que reconsidere su postura, reactivando el duelo tras cada negativa. Son las fases que más dificultan el avance hacia la resolución del duelo.
Reacciones afectivas: Ira y Tristeza
Reacciones de ira y rabia suelen ser de las primeras en aparecer en el proceso de duelo. Después de la incredulidad, son extremadamente habituales reacciones emocionales intensas de enfado o furia hacia la expareja, acompañadas de intensa sensación de engaño y farsa de la relación, así como también hacia uno mismo, por no haberse dado cuenta de lo que estaba pasando, por haber permitido determinadas conductas o actitudes que no nos hacían felices, etc. En esta fase es donde menos se siente la pérdida, ya que la hostilidad empaña cualquier afecto positivo hacia esa persona, y el foco de atención está exclusivamente en lo negativo de la relación (demonización de la expareja/relación).
Una vez que disminuye el enfado, la Tristeza pasa a ser la gran protagonista. En esta fase, la sintomatología depresiva adaptativa, frecuentemente acompañada con picos de ansiedad reactiva, es necesaria para ayudar a la persona a elaborar la pérdida, tomando conciencia de la situación actual, pero desde un estado de ánimo apenado anclado al proyecto vital perdido, y marcado por un sentimiento de vacío. Aquí suele volver a aparecer la culpa, que hace sentir a la persona única responsable de la ruptura por sus acciones, favoreciendo el estado de ánimo depresivo. Al contrario que en la ira, el foco está centrado en los buenos momentos vividos y cualidades de la expareja, favoreciendo la idealización.

Resolución del duelo: Aceptación y Reorganización vital
La Aceptación es la última fase del duelo, y es necesaria para poder emprender nuevos proyectos afectivos, desligándonos del pasado y de la otra persona.
Aquí es donde verdaderamente se comprende la realidad de la relación vivida, tanto en el funcionamiento y las dinámicas, como en la valoración objetiva de la expareja. Es el momento en el que uno de da cuenta de que pese a haber vivido buenos momentos, la relación no era lo suficientemente satisfactoria. Se asume que era mejor no continuar y se aprende de la experiencia para relaciones futuras.
A partir de aquí, la persona reorganiza su día a día de forma mucho más comedida y racional, sin la angustia y la desesperación de fases previas, proyectándose hacia un futuro abierto a nuevas relaciones.
Cuánto tiempo dura el duelo sentimental
Al igual que las fases del duelo no son episodios iguales para todos ni se pasa por ellos de manera lineal, tampoco es posible determinar cuánto durará el proceso a priori. Este dependerá de factores como el estado emocional previo de la persona, variables contextuales como la edad y el ciclo vital, contexto común, etc., personalidad, así como la intensidad e importancia de la relación y los recursos personales.
Aunque la resolución final del duelo pueda demorarse en relaciones muy significativas, un duelo adaptativo o saludable mejora significativamente en los primeros 6 meses tras la ruptura.
Cómo superar una ruptura de pareja y señales de enquistamiento
El tiempo es el aliado natural en los procesos de duelo. Asumir el malestar emocional asociado a la ruptura, comprendiendo que es necesario para adaptarse a la nueva situación, y colaborar activamente con uno mismo para facilitar el proceso (reorganizando estilo de vida, mediante el apoyo social, evitando todo tipo de contacto, aceptando y respetando nuestros propios tiempos, etc.), suele ser suficiente para muchas personas para lograr superar la ruptura de forma saludable, y sin necesidad de ningún apoyo profesional.
No obstante, existen señales que pueden indicar que el duelo no evoluciona como debería, pudiendo indicar que sería aconsejable apoyo profesional. Estas son las principales señales:
- La intensidad del malestar no mejora nada, o incluso empeora, habiendo transcurrido ya 6 meses desde de la ruptura.
- Si hay una reacción desproporcionada entre la duración/nivel de implicación de la relación y el tiempo/intensidad del malestar tras la pérdida.
- Si hay sintomatología muy intensa, deseos de muerte o ansiedad frecuente muy acusada, con independencia del tiempo que haya pasado desde la separación.
- Si mucho tiempo después de la ruptura, la persona se siente incapaz de emprender una nueva relación, o tiene un miedo excesivo al abandono que le influye en sus nuevas parejas.